¿Por qué sentimos que no podemos cambiar en aspectos que nos hacen daño?

¿Por qué sentimos que no podemos cambiar en aspectos que nos hacen daño?

En ocasiones, nos preguntamos cómo sería dejar un mal hábito, pensamos en los beneficios que nos aportaría o nos imaginamos lo bien que nos sentiríamos consiguiendo una determinada meta, pero, al poco de pensar en las consecuencias positivas, empezamos a vislumbrar lo tedioso del camino para llegar a ello, el esfuerzo y las frustraciones y miedos que puede conllevar todo cambio, ya sea a la incertidumbre o al miedo al rechazo o a un nuevo fracaso.

Cuando uno se plantea la disyuntiva entre cambiar o no cambiar, suelen aparecer emociones y necesidades contradictorias (“Me gustaría dejar de fumar pero me falta fuerza de voluntad y me da miedo volver a fracasar”, “Me alegraría aprender a cocinar pero siempre que lo he intentado, no me ha salido bien. Me frustra y me desanimo. No valgo para la cocina”.

Esto es normal, ya que nuestra mente es una experta en analizar pros y contras y en resaltar aspectos amenazantes.

Cuando uno tiene claro lo que quiere conseguir, o sea, el “qué” y sobre todo, el motivo y necesidad que hay detrás, es decir, el “para qué”, el “cómo” se vislumbra más claro y la actitud se torna en reto e ilusión.

Puede pasar que uno tenga claro lo que quiere conseguir, por ejemplo, mejorar su sobrepeso, pero a la hora de decidir ponerse a ello, rumia constantemente con pensamientos en torno a si será o no capaz de conseguirlo o al esfuerzo que le va a suponer (“Voy a tener que hacer ejercicio a menudo y eso es algo superior a mí. Sería demasiado duro”).

Es una buena estrategia tener en cuenta los esfuerzos y dificultades que conllevaría el cambio, pero, del mismo modo, ser conscientes de los recursos que uno tiene, de las estrategias que puede realizar ante los obstáculos y de los beneficios que le reportaría. De este modo, nos sentimos más fuertes y motivados.

Las personas con baja autoestima tienen la idea de fracaso mucho más interiorizada que la del éxito. La inseguridad consecuente hace que aparezcan excusas para no cambiar, entre ellas destacamos las siguientes:

– “Es que aún no estoy preparado”: Me planteo dejar de fumar pero me imagino realmente angustiado ante la idea de no fumar  “Mejor lo dejo cuando esté más tranquilo, por que si no es muy probable que no lo consiga”.

Detrás de esta excusa, seguramente está el miedo al fracaso y el miedo a alejarse de la zona de confort , de lo que uno ya conoce. Quienes han sufrido una historia de constantes fracasos, suelen tener este mecanismo de defensa para evitar el miedo a un nuevo fracaso.

Es importante tener en cuenta que en el proceso de eliminar un hábito y aprender uno nuevo habrá altibajos y vulnerabilidades pero no hay que confundirlo con debilidades, ya que de superar retos uno siempre sale fortalecido.

La persona excesivamente preocupada por las consecuencias negativas se pondrá en lo peor y sacará conclusiones tajantes (“Ahora soy incapaz de cambiar”, “Pedirle perdón me es imposible. No puedo”), que harán que esas circunstancias se vean como impedimentos en vez de como obstáculos a superar, y constantemente usará la coletilla “¿Y si…?”. Así que, menos preocuparse y más ocuparse.

_ Echar la culpa a los demás: ¿Cuántas veces dirigimos la responsabilidad de lo que nos ocurre a los demás?. En ocasiones, el no tolerar el sentimiento de culpa o el cometer errores, hace que evitemos responsabilizarnos de retrocesos o falta de avance y nos excusemos en las acciones de los demás (“Se que no me gusta nada pegar, pero es que tuve que hacerlo porque no paraba de enrabietarse”).

Obviamente, la reacción o falta de ayuda de nuestro entorno puede hacer más difícil el cambio, pero el atribuir el cambio personal a nuestra propia actitud es esencial.

Me falta fuerza de voluntad: ¿Qué es la fuerza de voluntad? Pues básicamente una actitud, y la actitud depende totalmente de uno mismo . La fuerza de voluntad, dependen de la actitud que pongamos ante los propósitos que nos planteamos. El decirse “no tengo fuerza de voluntad” no es una razón de peso. En el propio actuar se siente la voluntad, siempre y cuando no olvidemos el “para qué” de nuestra acción.

La voluntad es un asunto de compromiso, no de trata de tenerla o no tenerla y la dirección hacia una meta no cambia porque uno falle., ya que el valor personal que hay detrás de esa meta Si uno falla, tendrá de nuevo que levantarse y retomar la misma dirección, las veces que haga falta, sin excusas.

Es que yo soy así; Detrás de esta excusa está el rechazo a querer afrontar determinadas emociones (miedo, frustración, vergüenza, etc). El ponerse etiquetas como “No valgo para la cocina”, “Soy incapaz”, “Es que yo soy difícil para las relaciones”, es una forma rígida y poco flexible de afrontar la realidad, que nos limita a madurar como personas y a acercarnos al desarrollo personal.

Se utiliza pues un monólogo victimista, Uno piensa que hay algo dentro de sí que no funciona y por tanto lo ve como una barrera para el cambio.

Es aconsejable cambiar las etiquetas por formas más objetivas de valorar la experiencia pasada y las características individuales, siendo más descriptivos y menos valorativos, como por ejemplo, diciéndonos “Me va a resultar difícil ir y preguntarle”, en vez de “Soy incapaz de hablarle.

La actitud idónea para el cambio se basa, pues, en la aceptación y el compromiso, en un “Estar dispuesto a…” y cambiar la mentalidad reactiva basada en excusas por una mentalidad proactiva, basada, por el contrario, en la propia responsabilidad y actitud persistente.

Si te has visto reflejado en este artículo, crees y crees que no puedes cambiarlo por ti mismo, la terapia psicológica será tu mejor aliado. En Consulta psicológica Despertares podemos ayudarte.

Artículo escrito por la psicóloga clínica Marta Fernández colegiada nº M- 24184

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